_____________________
Capítulo
VIII
TANGOS PARA EL PAGO
I
TIERRA PROPIA
En cada tierra propia bajo el cielo
hay una pertenencia de heredad,
por donde, el alma viva del origen,
transita intacta de perennidad.
Un viejo río cría saucedales,
y la enramada densa de los olmos
vibrando entre los rústicos nidales,
invitan a que el hombre, allí nacido, cante.
El viento lleva y trae tempestades
vistiendo con el fango a los destinos.
Pero un cielo invariado y compañero,
espera siempre a aquellos que han partido,
y puedan reencontrar la senda propia,
aunque el abismo cierre los caminos.
VII - TANGOS PARA EL PAGO
II
DE LA VIDA CHICA
Aquellos días de la vida chica,
de la caricia divagada y muda.
Aquel entonces que no tuvo ayuda;
y en pena, en goce, en llanto se complica.
Si la distancia, en el amor, se achica;
y la pasión con el dolor se anuda.
Y la mentira en grito se desnuda;
y en la desilusión, nadie la explica.
Ligada a la memoria de esos días
se perdura el saber de la pobreza:
la audacia del fracaso; ... la certeza
del recordar feliz; ... la valentía
que otorga la miseria, en la alegría
del generoso pan de nuestra mesa.
VII - TANGOS PARA EL PAGO
III
LA MESA COTIDIANA
Por comer y beber el pan y el vino
se convive la mesa cotidiana,
que, en el amor común de cada día,
comparte su sabor con los destinos.
Levantada la copa y la palabra,
de anhelo en ilusión se deshilvanan:
la copa de la vida se vacía,
dejando a la discordia sin palabras.
Ya se aplaca el combate del festín
al abrir cada cual su retirada.
Y en el limpio misterio del vivir,
siempre vuelve, (en el hambre del mañana,
por el bien de la mesa cotidiana),
el perdón, compartiéndose, sin fin.
VII - TANGOS PARA EL PAGO
IV
ALMA HEROICA
Va la vida sencilla de las casas
entre un vago perfume de cocina,
por donde los secretos se comparten
y nunca se desligan de las vidas.
Tal vez, en algún patio a cielo abierto,
los pálpitos se anuncian y se atisban,
con esa ciencia fiel al sentimiento,
en donde el alma es reina de sí misma.
Y en ese convivir la sencillez
eleva su visión el heroísmo.
Porque la vida heroica va del brazo
con esa pena íntima del alma,
que da su sacrificio y su fracaso
en el humilde ensueño del amor.
VII - TANGOS PARA EL PAGO
V
DEL PAGO DE MI PADRE
Un Angel resplandece en la arboleda,
trayendo su infalible pan de espinas.
Impide la emboscada con la ruina,
de la desilusión que nos enreda.
La vida viene y va por la vereda,
con la huella del alma se combina.
La muerte, si nos llama en una esquina,
nos pide su fantasma y su moneda.
Saliendo de ese suelo de barriales,
de orilla, de suburbio, de fracaso,
de estirpe deslucida en la maleza,
se desfallece al borde de los males.
Misterio de promesas al acaso
o una pena que esconde su tristeza.
VII - TANGOS PARA EL PAGO
VI
VIVIMOS
De no saber el modo de otra vida
el fango en que vivimos fue feliz.
Porque al final del duelo y la pobreza
queda sincero el beso del amor.
Si todo fue un papel que se incinera
en el fiero pavor de lo infeliz;
y en las cenizas de la vida ingrata
se ve lo heroico que venció al dolor.
Aunque sigan coreando las vergüenzas
como voces de muerte y de memoria,
queriendo ser verdad con su mentira:
la vida que vivimos fue feliz,
porque nada perdura en nuestra historia,
sino el fuerte consuelo del perdón.
VII - TANGOS PARA EL PAGO
VII
UN GRITO EN EL PECHO
Hay un grito en el pecho, arrinconado,
que yace en lo escondido de una herida.
Y viene desde allá, de lo de abajo,
de la pureza invicta de la vida.
Un canto va en el aire desbordado
de goce, de nostalgia convivida,
porque, con la pobreza se nos trajo
el bien de la aflicción desvanecida.
El celo de sinceras confesiones,
desnudas en el alma y en la pena,
insisten en decirnos su secreto.
Por eso hay en el canto relaciones,
que llevan al olvido las condenas,
para dormir su sombra en lo ya muerto.
VII - TANGOS PARA EL PAGO
VIII
CUNA Y CORAZÓN
Fue feliz esa cuna arrabalera
trayendo nuevas caras al abuelo.
Si desde abajo, remontados vuelos,
quisieron ver un sueño sin fronteras.
La señal del pasado queda afuera,
y el pan viene creciendo desde el suelo,
a alimentar los hijos para el cielo,
donde un nuevo misterio los espera.
Fue feliz esa cuna arrabalera,
entre obrero, resero, taita y peón,
pobrerío, nobleza y corazón;
donde el agua se echa donde quiera,
y el barro ya no encuentra la manera
de ensuciar a la tumba del adiós.
VII - TANGOS PARA EL PAGO
IX
POBREZA, COSA AJENA
Pobreza, va tu mortificación
enlazando la vida con la pena.
Y si fueras, pobreza, cosa ajena,
no vendrías a darnos tu emoción.
En suerte se nos juega la pasión
como un chico que ama en su alma buena.
Va cruzando la mísera condena
con un simple reír de un corazón.
Y fuiste vos, que me dejaste el alma
acomodada, a tener cabida
en la penuria buena de la vida.
Pobreza, si a la larga, le reclamas
un perdón al dolor, y un canto al alma,
que acompañe, pobreza, a mi partida.
VII - TANGOS PARA EL PAGO
X
DE ALLÁ
Aquel, el barro viejo y arrumbado;
insistente en la vida, imponiendo
su estigma de desprecio señalado.
Tardío empeño de triunfar viviendo.
La vida de los lujos remendados.
Y aquel honor, constante, compartiendo
un amor tan sencillo y declarado;
y un goce, que de a poco se va, huyendo.
Allá, quedan ligados los recuerdos
como la gracia de una rosa blanca,
que naciendo en las zanja apunta al cielo.
Allá, se atan viejos desacuerdos
como la flor, que ni la muerte arranca
de su amor enraizado con el suelo.